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Desde hace ya un tiempo podemos percibir cómo las impresoras 3D están irrumpiendo en diversos sectores: industriales, médicos, del sector servicios o, mismamente, en el sector del ocio. El peso ganado por esta tecnología es patente ya en nuestro día a día, sobre todo en el ámbito de la arquitectura. Y en la situación de pandemia actual, han nacido nuevas aplicaciones muy interesantes.

El uso de las impresoras 3D en arquitectura

La esencia de este sistema permite fabricar piezas y mecanismos que hasta el momento eran muy complicadas, por la naturaleza de su forma o sus características.

También, la fabricación de maquetas a escala se ha visto beneficiada por la irrupción de las impresoras 3D en arquitectura. Trabajos que podían llevar días, o meses, ahora están listos y preparados en unas pocas horas, consumiendo muy pocos recursos y con unas posibilidades de personalización enormes.

Como decíamos, uno de los mayores beneficios de las impresoras 3D en arquitectura son los bajos costes en la producción de las figuras y piezas. Los materiales y la energía consumida son escasos en comparación con los métodos tradicionales de fabricación. Esto ha producido una optimización en los procesos y en la economía empresarial, favoreciendo enormemente al sector. Pero, ¿de qué nivel de ahorro estamos hablando?

Los costes en una impresora 3D en arquitectura

Es muy difícil dar cifras exactas, porque todo esto depende de varios factores, pero a nivel general podemos destacar cuatro campos principales a tener en cuenta.

  • El tamaño de la caja de impresión. Como es lógico, a mayor tamaño de nuestra impresora, más elevado será su precio. El coste irá en función de los m³ que se puedan imprimir y su superficie máxima.
  • El nivel de precisión. Los niveles varían de las 50 a las 300 micras. A mayor número, menos se apreciará la superposición de capas y, por tanto, mayor será la calidad del producto. Esto, claro está, influye mucho en la cantidad de material que se emplee. A más volumen, más gasto.
  • Velocidad de impresión. Cuanto más detallada sea la pieza, más tiempo tardará en construirse y, por tanto, más cantidad de energía consumirá. La aplicación de las impresoras 3D en arquitectura, como decíamos, es variada, pero podemos construir desde una maqueta a escala (tiempo de fabricación reducido), hasta un mecanismo de varios metros (que tendrá a la impresora trabajando durante días).
  • Material. Los materiales más comunes que utilizan las impresoras 3D en arquitectura son los polímeros plásticos o las resinas. Los costes son muy reducidos, pero también se medirá en función del tamaño y la calidad de la pieza.


El uso de las impresoras 3D en medicina y su papel en esta pandemia

Como decíamos al inicio del artículo, más allá de las aplicaciones de las impresoras 3D en otros sectores, la nueva situación de pandemia mundial por el COVID-19 ha obligado a buscar todos los recursos posibles para mitigar el impacto en la salud.

La principal tarea de las impresoras 3D en este ámbito es la construcción de material sanitario, principalmente EPI (equipos de protección individual). Entre este material, podemos destacar las pantallas de protección facial, viseras, o los abridores de puertas que impiden que tengamos contacto con manillas y pomos.

También cabe destacar que las impresoras 3D están sirviendo para salvar vidas de forma todavía más directa, mediante la fabricación de respiradores utilizados en hospitales, tan necesarios hoy en día.